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Escena cuarta

Padre Miravent (Narrador): Y así transcurrieron los meses. Seis durísimos meses, desde diciembre a junio, donde el primer habitante de la Isla, José Faneca, de la ciudad catalana de Mataró, padeció el tremendo azote de la soledad rota por la única compañía de la Virgen de los Dolores, su Figuereta, al lado de la cual hizo el pozo, y su amada Isla, con la que mantenía también larguísimas conversaciones sentado en su orilla.

Pero él fue el primer eslabón de la cadena ciudadana que fraguó los cimientos de un pueblo que nació desde el principio con vocación de ser libre, de luchar contra quienes desde su comienzo deseaban  someterlo, mantenerlo prisionero. A José Faneca se le unió, como continuos moradores de esta tierra, un grupo importantísimo de hombres que decidieron, enamorados de ella y poseídos de sus riquezas,  quedarse definitivamente  y fundar la Figuereta, para nosotros: La Higuerita.

 

 (Suena la canción de LOS TATARABUELOS dedicada a los orígenes de La Higuerita. José Faneca se encuentra en la playa y sobre el horizonte ve la silueta del barco del Capitán Arnau y otras jábegas que le acompañan.)

 

De playas de Caldetas

a Punta del Caimán

un puente de dos siglos

vamos a levantar.

 

Nuestros tatarabuelos

hablaban catalán,

de Mataró vinieron

 y aquí quedaron ya.

 

Apellidos con historia

de nuestros antepasados

siguen en su trayectoria

 viéndose multiplicados.

 

Los Arnau y los Fanecas,

los Munell y los Lluyot,

los Abreu y los Torregrosa,

los Llobel y los Cabot.

 

Esta oportunidad

la historia nos legó,

honremos nuestro origen

cantando a Mataró.

 

Al lejano maresme

nuestras estrofas van

en cálido homenaje

de este buen recordar.

 

El pozo y la higuerita

que en nuestro escudo están

nos hablan de un pasado

 de origen catalán.

 

Cuando aquellos marineros

a estas costas arribaron

en sus aguas cristalinas

minas de plata encontraron.

 

Y así floreció el milagro

de fundar una ciudad

junto a la más bella playa

que se pueda imaginar.

 

Bajo el sol andaluz

Cataluña dejó

un legado industrioso

que ya nunca cesó.

 

Faneca: ¡Lo sabía, lo sabía, sabía que hoy sería un día especial! ¡Señora mía, Figuereta, ya llegan! ¡Dios mío qué alegría, qué alegría más enorme! Uno, dos, tres …  ¡Capitán, Capitán Arnau, estoy aquí! ¿ No me veis? ¡Estoy aquí!

No, no decirme que me calle, no puedo.

Sí, me voy a volver loco, pero esta vez de alegría, de alegría ¡Dios mío, me voy a volver loco de alegría!

Arnau: Columé, ¿es verdad lo que vemos?

Columé: Sí, Patrón, es José Faneca.

Arnau: ¡Eh, Miralles, Torregrosa, Cabot, mirad, es José Faneca! ¡Madre de Deus, a este hombre le parecerá mentira¡ ¡Qué duro ha debido ser!

 

Padre Miravent (Narrador): Los barcos dejan de ser una silueta dibujada sobre el horizonte isleño, han regresado, en junio, a hacer una nueva campaña de salazón.  Fondean, como de costumbre, en la playa, con dificultad, porque la Isla todavía carece  de muelles. José Faneca, única persona que se quedó en la pasada temporada le cuenta a Arnau y al patrón Miralles su vivencia, su dura vivencia.

 

 ( José Faneca, nervioso, los recibe en la orilla y presuroso le enseña, la Isla, la Iglesia y  “su casa”.)

 

Faneca: Sr Arnau, Patrón, qué alegría de verle, me parecía que este día nunca iba a llegar. Perdone, estoy emocionado, han sido tantos meses.

Arnau:  Pero Faneca, cómo se le ocurre pedir perdón. Un abrazo, hombre, un abrazo. Torregrosa, Cabot, Miralles, ya os dije que estaba convencido de que este hombre haría historia.

Faneca: Buenos días señores, no saben cuanto celebro este momento.

Miralles: Es para mí un honor. Permítame volver a estrecharle la mano.

Faneca: Bueno, tengo tantas cosas que contarles. Pero lo primero, es lo primero. Está todo tal y como lo dejaron y mañana pueden empezar a pescar. Estoy deseando  enrolarme nuevamente y pescar, pescar, ¡lo necesito tanto! ¡Dios mío, qué alegría!

Arnau: Relájese hombre, relájese. Ya estamos todos aquí, y la mayoría nos quedaremos, no volveremos a Cataluña. Los dueños de las factorías han decidido que nos instalemos aquí de forma permanente, con lo cual olvídese de volver a quedarse sólo.

 

(Faneca, nervioso y feliz por el reencuentro no escucha nada, ni a nadie, le enseña la Isla, el estado de las chozas, la Iglesia, su Figuereta y el pozo que construyó.)

 

Faneca: Mire, Patrón, la Capilla, tal y como la dejaron.

Arnau: ¿Pero Faneca, me ha escuchado?

Faneca: Sí Capitán, perdone. Mire, me ha costado mucho trabajo, pero lo he conseguido. Aquí los tiempos cuando vienen de Portugal son tremendos y…, ya sabe Vd., las chozas tienen poco aguante. Eso es lo primero que habrá que hacer, tratar de construir con material para que se mantengan en pie cuando los tiempos y los vientos arrecien  ¡Que no saben Vds. cómo se las gastan!

Miralles: Valió la pena intentarlo y, finalmente, conseguirlo. La Capilla está intacta. Gran trabajo, Faneca.

Faneca: Gracias, Patrón. Ese era uno de mis cometidos, y mi devoción, no lo olviden Vds., yo soy ante todo marinero. Mi Virgen, nuestra Patrona de los Dolores, tenía que estar segura, y lo ha estado.

Ssssssss… tranquila, Señora,  no les diré nada, creerían que me he vuelto loco.

Arnau: ¿Cómo dice Faneca?

Faneca: No, nada Patrón, no decía nada, estoy tan acostumbrado a hablar sólo que… Mire, ahí están vuestras barracas, vuestros cobertizos, en pie, como Vds. los dejaron. ¡Ah, y no falta nada! Y buen trabajo que me ha costado, porque esto está lleno de ladronzuelos y maleantes que, en cuanto  que te descuidaras, sin verlos, te dejaban limpio. Y no saben Vds. los pastores y los rebañitos, esos no entienden de nada, y no dejan junco en pie.

Sr. Arnau,  deben organizar un poco que las construcciones formen calles y no como están ahora, que es un verdadero desastre. Permítame que le dé mi opinión, pero yo soy el único que hasta el momento he vivido aquí  y… bueno, qué les voy yo a decir que Vds no sepan.

Miralles: Este hombre está hecho un velero de seis palos.

 Arnau: No es para menos. A mí me gustaría ver a algunos de nosotros seis meses solos en esta isla y en estas condiciones.

Faneca:  ¡Venid, por favor, venid, de prisa! Y esta es la Figuereta, el pozo y mi choza. Este es…  mi hogar.

¿A que es bonita? Es majestuosa y está llena de vida, como yo suelo decirle. Ella me ofrece parte de mi sustento, mucha sombra y, ante todo, aunque Vds. no se lo crean, mucha compañía. ¿Verdad, amiga mía?

De aquí saco el agua que necesito, es riquísima, inagotable, y mire si será verdad, que los transeúntes que pululan por aquí no van a otro sitio, dicen, entre ellos, que prefieren el agua de la Figuereta. Así le llaman a la Isla.

Arnau: Bonita historia, y… bonito nombre.

Miralles: Pienso lo mismo que tú, Arnau. Estoy de acuerdo: La Figuereta, La Higuerita, es un bonito nombre para este maravilloso rincón.

Faneca: ¡Lo sabía,  yo lo sabía! Te lo dije, Isla mía, tu serás La Higuerita.