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Escena tercera

Padre Miravent (Narrador): Primeras navidades en la Isla y José Faneca su primer morador. Él fue el elegido para quedarse aquí, guardar las chozas y cuidar de los pertrechos de la pesca. Sin lugar a dudas una empresa desoladora. Sólo, y no es poco, le acompañará, a lo largo de seis largos meses,  la soledad y el silencio, roto a diario por el rompiente de las olas y, en ocasiones, por el rugido de las nubes que iluminan las noches de temporal . Tendrá por techo los juncos de las marismas  y por suelo la arena, la fina arena de la costa de la Isla.

 

( José Faneca,  sobre el sonido suave y monótono del rompeolas, y sentado en la orilla de la playa, comienza a recordar sus vivencias de estos últimos seis meses de soledad. Entabla conversación, como cada día, con su Señora, la Virgen, su Isla y su Figuereta.)

 

Faneca: Que duras fueron  las navidades, son un tiempo especial y se echa de menos a la familia, a los amigos. Aunque es cierto que el cielo de la Isla es algo distinto, tiene una luminosidad distinta, tiene un resplandor, como que te hace estar junto al hijo de Dios.

 

 (Suena un villancico, LA VALIENTE, del isleño Jerónimo López, mientras Faneca mira al horizonte, donde el mar de Isla se une al cielo del mundo. Comienza a hablar con su Señora.)

 

 Radiante aparición

del Arcángel San Gabriel,

que a la Virgen anunció

que madre iba a ser.

 

María dice a José

que un Angel le anunció,

que madre iba a ser

del Divino Redentor.

 

Camino de Belén

pidiendo albergue van,

como le rechazan

se van hacia el portal.

 

Allí se quedarán,

aquel anochecer,

una mula y un buey,

la Virgen y San José.

 

Brilla un gran resplandor (bis)

y  entre claveles, jazmines y rosas

radiante ha nacido el Hijo de Dios.

 

Divina imagen de Dios,

Hermosa luz celestial

el Angel del Buen Amor

de belleza sin igual.

 

El viento te llevará

el eco de mi canción,

dormidito quedarás

dulce dueño de mi amor. 

 

Suena en el camino

la canción pastoral

en un canto divino

que va hacia el portal.

 

Pastores, caminad

al alba amanecer,

adorad al Mesías

que acaba de nacer.

 

Eres la hermosa flor (bis)

 de los jardines del cielo,

dulzura y consuelo,

vida de mi amor.

                                                                                                                                                                                                                                          Faneca:

¡Qué duras fueron las navidades!,  y el febrero, y el marzo, qué duros han sido todos estos meses. Bien sabéis, mi Señora y mi Figuereta, que sin vuestra compañía esto hubiera sido imposible de aguantar. Nunca en mis muchos años de marinería  me he sentido más acompañado en mi soledad.

¡Ay, Virgen mía! No sé cómo podría agradecerte la protección que me has dado. No sé qué hubiera sido de mí, de este insignificante marinero si te hubieras olvidado de él por un sólo instante.

Sí, ya lo sé Reina mía, me lo has dicho muchas veces, pero…, perdóname vuelvo a estar como aturdido. Son tantos días, tantas noches, tantas vueltas a esta miserable cabeza que llega un momento en que no sé ni lo que me digo. Intento mantenerme centrado, y tú lo sabes, pero a veces no lo consigo.

 

 ( Tras una corta pausa y entre el recurrente sonido del agua, se dirige a su Isla.)

 

¡Qué belleza!  ¡Qué locura!

Y tú…, ¿cómo es posible que siendo playa y mar, y teniendo el mismo cielo y horizonte, nada tenga que ver Caldetas contigo?

Hoy tienes un color diferente y ya era hora de que estuvieras calmada. No sé si siempre tendrás esa intranquilidad, compartimos vida  hace tan sólo un año, pero ya era hora Isla mía, ya era hora. Aunque… no, no me interpretes mal,  yo siempre te encuentro bonita , hasta cuando te lloran las nubes y el viento te mece duramente tus cabellos y te eriza la piel, tu piel de agua y arena, te encuentro divina, inconmensurable. Estás bonita siempre, en la calma y en el temporal.

Ya, ya me voy a descansar, pero déjame, déjame que  quiero estar un poquito más acariciándote y sintiéndote en mi piel. Estoy bien, no te preocupes. Estáis todas excesivamente preocupadas y no hay porqué. Me encuentro bien. Ya ha pasado lo peor y están al llegar las gentes para la nueva temporada. Es cuestión de días.

¿Pero tú crees que me voy a derrumbar ahora? No, ahora no, sería imperdonable. Vosotras me dais la fuerza.

 

   ( De pronto levanta la cabeza y comienza una nueva puesta de sol. )

 

 ¡Mira, mira, ya comienza a ocultarse por los montes de Portugal!

Sabes, nunca, hasta que te he conocido, he sido una persona envidiosa, pero ahora sí. Cómo me gustaría saber pintar, dibujar tu horizonte, dibujar tus nubes  rosa-violeta, su reflejo en tu agua. Porque estoy convencido de que esta imagen, no se puede explicar, al menos yo no tengo palabras para hacerlo. Pero qué digo, esta puesta sólo se puede creer si se ve.

Bueno, me voy, que me espera mi Figuereta y se hace de noche. Mañana volveré y  será un día más, pero diferente. La próxima jornada, me da la intuición  de que será distinta, creo que tendremos compañía.    

  

  (Faneca se levanta de la orilla de la playa y se dirige a la choza ubicada junto a la higuera y el pozo que construyó nada más quedarse en la Isla. Se apoya sobre su Figuereta y le habla, como cada día, como cada noche, desde que se encontraron.)

 

Qué cansado vengo y qué largo se me hacen ya los días. Éste en concreto se me ha hecho interminable. Pero bueno…, ¿y tú como estás?, ¿alguna novedad?, ¿me cuidaste el pozo? ¡ Por Dios!, estos pastores no se contentan con utilizar lo que no es suyo, sino que lo ponen todo perdido y… mira, ya faltan juncos otra vez.  ¡Maldita sea! No tienen bastante con coger agua para ellos y para el ganado que lo arrasan todo. ¡Como para no quedarse  aquí! Hubiera ocurrido lo que en temporadas pasadas: al regreso, nada de nada.

Perdona, perdona, perdona. Estoy un poco fuera de mí y tú no mereces que tenga ni mala cara, ni malos gestos. Aunque este punto de melancolía que vivo hoy, es irrefrenable, te lo advierto.

Tienes razón Figuereta, parece como si estuviera haciendo balance de estos últimos seis meses. Pero así es. Y, a propósito, siempre tengo fresca en la memoria la enorme alegría que me dio el encontrarte, tan majestuosa, toda de verde y llena de vida.

Si no te hubiera encontrado, ¿dónde habría hecho el pozo? Con seguridad que todo hubiera sido diferente. ¿Con quién hubiera compartido tantos momentos duros?  ¿Quién hubiera aliviado mi soledad, mis temores y mis miedos? ¿Dónde estaría yo ahora? Y la historia, el comienzo de esta gran historia, ¿sería el mismo?

Sí, es demasiado tarde, debemos descansar, porque mañana será un nuevo día, un gran día en nuestra corta vida.