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Escena segunda

 Padre Miravent (Narrador): Me contaron en alguna ocasión, pero no puedo garantizarlo,  que Arnau, un magnífico Patrón de una de las cerca de cuarenta compañías que se instalaron aquí, era valenciano y natural de Canet de Mar. Él mandó, un año después del maremoto, en 1756, construir la primera choza. Pero le duró sólo una temporada. El mal tiempo, la invasión del ganado guiado por sus pastores, y el valor de lo que dejaban dentro del chamizo, era demasiado valioso como para volverlo a encontrar en la temporada siguiente.

 (Después de una larga jornada de pesca, Arnau y su inseparable amigo y marinero del barco, Juan Columé, bajan de éste y se marchan hacia su choza con un diálogo ya recurrente en ellos.)

 

 Arnau: Es increíble la riqueza de este sardinal, amigo Columé. Inagotable.

 Columé: ¿Recuerdas que fuimos los primeros en llegar? ¿Que estábamos hasta asustados de tantas gentes, de tantos paisanos, de tantos valencianos, de levantiscos, de portugueses? En la memoria tengo cómo creíamos que con tanta factoría sería imposible tener pesca para tanta salazón. Pero nos equivocamos. Perdón Patrón, me equivoqué.

 Arnau:  No, Columé, tú siempre tan correcto y tan leal. Ninguno de los dos, ni tú, ni yo, pensábamos que esta isla podría ser lo que es, y lo que estoy seguro que será. Pero es necesario que entre todos pongamos  las primeras bases de una mínima organización. No podemos de esta forma tan anárquica seguir aquí. Cada uno coloca su choza como bien le parece, sin guardar orden, sin ninguna lógica; no tenemos un lugar para poder rezar, donde tener nuestra Patrona. En fin, es necesario…

 Columé: Perdón, Patrón, he escuchado rumores de que un tal José Faneca, uno de Mataró,  se quedará esta temporada para cuidar su choza, e incluso hablan de que…

 (De pronto ven a un grupo de marineros, pertenecientes a otros barcos, y entabla conversación con ellos. Los conoce de la campaña anterior y primera, la de 1756. En el grupo va un tal  José Faneca, un hombre joven, curtido en las faenas de la mar, que por primera vez llega a la Isla.)

 

 Arnau: ¡Miralles! ¡Pablo Miralles! Columé, ¿no es ese el patrón Miralles, el  de la factoría de Canet?

 Columé: Ese es. Y los otros son también patrones.

 Arnau: ¡Hombre, Miralles, que alegría de verte!

 Miralles: Lo mismo digo, Arnau. Parece que fue ayer y han pasado ya meses que nos fuimos de la Isla. ¿La familia?

 Arnau: Bien. ¿Y la tuya?

 Miralles: Bien también.

 Arnau: ¿No me presentas?

 Miralles: Sí, perdona: Lluyot, el patrón Feu…

 Arnau: ¡Encantado! Soy Arnau, de Canet de Mar.

 Miralles: Cabot, Torregrosa, Llobell, Roselló y…, tengo el honor de presentarte a un gran marinero, un gran hombre: José Faneca.

 Arnau: ¿Este es el mataronense? Encantado Sr. Faneca. Precisamente estábamos hablando de Vd.

 Miralles: ¡Amigo Arnau!

 Arnau: ¿Qué te estará rulando en esa cabeza? ¡Déjala tranquila, hombre!

 Miralles: No, ahora no es nada de pesca. Hemos estado hablando con D. José Quintana, el Administrador de Ayamonte, para que nos envíe  a un religioso del convento y que  celebre misa en la choza de la plaza.

 Arnau: ¿Y cómo ha ido todo?

 Miralles: Bueno, ya lo sabes. Estas gentes no nos miran con buenos ojos, pero habrá Iglesia. Se han puesto algunas condiciones, pero lo importante es que habrá Iglesia. Tendremos que buscar al sacerdote, darle alojamiento y comida, y hasta pagar quince reales por cada misa.

 Arnau: Pero habrá Iglesia. Lo que no consigas tú, Pablo Miralles, no lo consigue nadie.

 Miralles: No ha sido cosa mía, ha sido de los seis. Lo importante, Arnau, es que nuestra Virgen  tenga su sitio en la Isla y podamos seguir agradeciéndole que salimos y regresamos con las bodegas llenas.

 (En ese momento suena LA HIGUERITA MARINERA, cuya letra es de Francisco Bueno, considerado himno de los hombres de la mar, en el que se confían a la protección de su Virgen, cuando, cada mañana, al alba, parten a faenar.)

 Cada mañana temprano

yo salgo para pescar

y entre oleajes y espumas

el pan “pa” mis hijos

yo le arranco al mar.

 

Yo tengo la piel morena,

morena de sol y sal,

y el alma del marinero

igual que a mi pueblo

que quiero a rabiar.

 

Todos los días miro al cielo

cuando comienzo a faenar

y sólo pido al Supremo

que me de fuerzas “pa” trabajar.

 

No me importa los sudores,

ni  temo al viento, ni al temporal,

porque sé que al marinero

protege su vida, la Virgen del Carmen

que vive en el mar.

 

Ella cubre con su manto

a “to” el hombre honrado

que sale a pescar.

 

Y en este humilde homenaje,

yo con mi comparsa quiero dedicar,

a mi pueblo chiquetito

que todo lo saca del agua “sala”,

La Higuerita Marinera

tiene por bandera:

agua, viento y sal.

 

 Arnau: Miralles: ¿Estoy delante del hombre que dicen que se quedará cuando termine esta temporada?

 Miralles: Él es: José Faneca.

 Faneca: Encantado, Sr Arnau.

 Arnau: Sr. Faneca, el placer es mío.  Estoy completamente seguro de que me encuentro ante un gran hombre. No cualquiera, por muy hombre y marinero que se crea, tiene el coraje y, permítamelo, la osadía de pensar, sólo pensar en quedarse aquí.

 Faneca: Me da Vd. más valor del que creo tener. Me quedo sobre todo porque me he enamorado de esta tierra, además de que me han pedido que me quede para cuidar de la choza, que hay mucho ladronzuelo perdido por ahí. Pero le aseguro que jamás vi, en todos los años de mar que llevo, mayor riqueza y mayor belleza juntas.

 Arnau: Sí, es verdad, ya todo esto se contaba antes de la tragedia del 55. Yo tampoco, y mire Vd. que llevo navegando tiempo, he conocido nada igual. Parece mentira, y se lo he dicho en más de una ocasión a Columé, que este trozo de costa, entre Ayamonte y La Redondela, es especial.  Y mire que la costa portuguesa y la Tuta  en dirección a Lepe son la misma costa que ésta. Parece mentira pero la Isla…, nuestra Isla  es especial.

¿Es la primera temporada? Porque, perdone, su cara no me es conocida. Su apellido sí, pero su cara no. Ya le habrán dicho que medio maresme y levante están aquí.

 Faneca: Y muchos portugueses. No, es la primera campaña que hago y creo, si la Virgen  me protege, que echaré mis raíces aquí.  Desde luego el tiempo que tenemos ahora es de puro calmerío pero me han dicho que después, en el invierno, la mar se pone brava.

 Arnau: Eso le iba a decir Faneca. El otoño, al menos el que conocemos, hasta finales de diciembre, es muy duro, pero en compañía, cosa que Vd. no tendrá,  todo se hace más llevadero. El verano en  esta costa, ya se sabe, como Vd. decía: puro calmerio.

 Faneca: Habrá que aguantar Patrón, habrá que aguantar. En junio nos volveremos a ver.

 Arnau: Si la Virgen quiere, Faneca, si la Virgen quiere.