Que vuele El Barrilete. Esta noticia bien lo merece
07/19/2016 – 9:31 am | 4 Comentarios

Es una buenísima ocasión para desempolvarlo, desliarlo y que vuele, que vuele y marque mil piruetas de vida por los cielos Isleños. Que El Barrilete de Isla anuncie que mi segundo nieto, Arturo Hormigo Aquino, …

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Mi amigo el de Las Palmeras no sabía nada sobre los bancos del Parque Güel

Enviado por en 08/16/2010 – 10:56 pm2 Comentarios

Hace ya un par de semanas que pasó el llamado Mercado Marinero y me acerco a Las Palmeras con la intención de echar un ratillo con mi amigo, que ya hace tiempo que no nos vemos.

-¡D. Serafín!. ¡D. Serafín!. ¿No me oye?.

Prácticamente en un susurro, me contesta.

-¡Shhhhhhh!, calle D. Arturo,  calle un momento que aquel señor que está allí no deja de mirarme y lo hace con una cara de enfado enorme. (Pausa). Está claro que a ese no le caigo nada bien. (Pausa). Antes me estaba señalando con el dedo y le hacía ademanes al otro que está con él de que me iban a coger, sentado como estoy, y me iban a tirar. (Pausa). ¿No tendrá usted nada que ver con ello?. ¿No será porque… ?. D. Arturo, ¿no estará usted contando nuestras conversaciones?.

Me hago el sorprendido y le contesto como puedo.

-¿Yo… ?. Lo nuestro sólo lo sabemos nosotros y unas cuantas personas de mi confianza que leen algunas cosas que yo escribo en algo muy personal como es “El Barrilete”. ¿Se acuerda de lo que era “El Barrilete”, D. Serafín?.

Ya está más tranquilo.

-Pues claro que me acuerdo. (Pausa). Bueno, si sólo lo sabemos usted y yo, y esas cuatro o cinco personas más de su confianza que le leen, pues ya me quedo más tranquilo. (Pausa). Seguro que usted tampoco le cae bien a esas gentes.

Contesto rápidamente.

-Seguro, D. Serafín, seguro. Si usted le cae mal, yo seguro que también les caigo mal. No tenga usted ninguna duda.  (Pausa). Bueno,  ¿que me cuenta D. Serafín?. ¿Algo nuevo tendrá que contarme?.

Entramos en conversación.

-Poca cosa tengo para comentarle, amigo mío. (Pausa). ¿Usted se ha fijado como están los bancos que pusieron?.

Los vi los otros días y me quedé de piedra

-Pues claro que los he visto y me quedé petrificado. Pero es que eso de alicatar los bancos no podía funcionar. Estaba claro que estarían siempre faltándoles losetitas porque lo que hicieron en absoluto es para esto.

Está de acuerdo conmigo

-Como usted dice, se veía venir lo que iba a pasar. (Pausa). D. Arturo, ¿qué son esos bancos del Parque Güel de Barcelona?. Los otros días decían unos forasteros que lo que habían hecho era una mala y burda imitación de los bancos de aquel parque.

Nada más escuchar lo que me dice contesto rápidamente

-No, hombre, no, ¡por Dios, no se haga eco de semejante!. Hasta la insensatez tiene un límite y sobrepasarlo roza la locura. Aquel enorme banco está decorado con trozos de cerámica de materiales de derribo,  de distintos colores, que conforma una auténtica obra de arte de uno de los artistas más importantes de Cataluña de todos los tiempos. Gaudí fue sin duda un génio del modernismo aplicado a la arquitectura. Lo que han hecho aquí es un cutrerío. Ha sido cubrir un banco de marmolina blanca con gresite, con el gresite  que se utiliza en las piscinas. (Pausa). Por favor, D. Serafín, no se haga usted eco de semejante estupidez. Lo que tienen que hacer los del ayuntamiento es asumir lo que han hecho y mantenerlo en perfectas condiciones continuamente y que ni por un instante se vean los bancos como están, que es raro al que no le faltan losetitas.

D. Serafín se acongoja un poquito con el tono que he utilizado y me contesta.

-Yo estoy de acuerdo con usted, D. Arturo, como para no estarlo. (Pausa). ¿A usted le importaría decir también que el banco mío tiene unos pocos de azulejos rotos?. Lo digo por si le echan cuenta a usted y una vez que arreglan los bancos del paseo, arreglan también el mío.

Todavía este hombre no se ha enterado de qué va la película.

-Bueno, pues si usted no quiere que le arreglen en la vida el banco, pues digo yo que se lo arreglen. (Pausa). ¡Ea!, ahí queda dicho: ¡Señores, mantengan por lo menos en condiciones todos los bancos de Las palmeras, incluido el de D. Serafín!. (Pausa). ¿Ya está usted tranquilo?.

Me responde sosegado.

-¡Ah!, pues yo sí.

Finalizamos la conversación.

-Pues nada, vaya levantándose que ahí vienen a arreglarle el banco. (Pausa). Más rápido imposible, D. Serafín.

Y lo peor de todo, es que a lo mejor se lo ha creido.

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