Que vuele El Barrilete. Esta noticia bien lo merece
07/19/2016 – 9:31 am | 4 Comentarios

Es una buenísima ocasión para desempolvarlo, desliarlo y que vuele, que vuele y marque mil piruetas de vida por los cielos Isleños. Que El Barrilete de Isla anuncie que mi segundo nieto, Arturo Hormigo Aquino, …

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Unas líneas en el día de mi jubilación dedicadas a mis alumnos y compañeros

Enviado por en 09/17/2014 – 12:02 am5 Comentarios

Comencé un 1 de septiembre de 1978 y hoy Arturo 37 (2)día 17 de septiembre será mi último día de trabajo. Nada menos que 36 años y 17 días en la profesión. ¡Ahí es nada!.

No era en principio mi opción en los estudios el dedicarme a la enseñanza, pues mi interés e inquietud era la abogacía, pero tuve que cambiar de rumbo antes de comenzar por razones que ahora no vienen al caso. Lo definitivo fue el magisterio y, aunque a veces he tenido el resquemor de no haber estudiado y ejercido mi primera frustrada vocación, lo cierto es que me he dedicado a esa labor tan importante y trascendente como es la de enseñar y formar a los más pequeños con todos mis sentidos, en cuerpo y alma, como se suele decir. Espero haberlo conseguido.

En estos momentos del adiós tengo que acordarme de mis primeros compañeros del Reina. Ellos, entre los que se encuentran Manolo Marín, Carlos Monís, Juan Contreras, Pepe Borrero o Jesús Llanes, fueron los primeros espejos en los que me fijé y con los que volvía a reencontrarme después de una pequeña interrupción por traslado obligatorio.  No puedo olvidar mi paso por el Urbano, ¡qué años aquellos!, con  Enrique Cárdenas, Antonio Sarrias, mi cuñado Diego Miguel, Antonio Casillas y otros, donde ejercí durante tres años en un ambiente también extraordinario de trabajo y compañerismo. Y finalmente, termino en el Padre Miravent, repleto también de grandes profesionales, como Esther Carave, Eugenia Moreno, Rafael Rodríguez, María del Mar Torres o Elena Infante, por ejemplo, que me hicieron más fácil mi reincorporación a la enseñanza después de unos pocos años dedicados a otros menesteres. Para todos ellos, y para uno de los mejores y más queridos, mi querido amigo Pepe Rodríguez, que nos dejó hace unos años, mi recuerdo y gratitud.

Supondrán ustedes que en tantos años he tenido cientos de alumnos bajo mi responsabilidad. Sin duda que es así, bajo mi responsabilidad. Yo calculo, y no exagero, que la cifra suma con creces los mil quinientos, por aquello de impartir cada año enseñanza en cuatro o cinco cursos. Guardo un recuerdo maravilloso de ellos y no pueden imaginarse el enorme orgullo que siento cuando los veo y, sencillamente, se acuerdan de mí; cuando se acercan, hombres y mujeres como trinquetes, y después de pasar decenas de años simplemente me saludan con cariño; cuando un grupo de ellos, de los que fui tutor allá por losimages8DWQGCLF mediados de los 90, se reúnen para cenar y me llaman porque quieren que yo esté con ellos, como me ha ocurrido este mismo año. ¡Qué satisfacción más grande!.

Sé que he sido un maestro duro, en el sentido de la exigencia, y que he tratado de guardar una enorme disciplina en clase, porque siempre he entendido que para poder trabajar era necesario un orden y respeto mutuo, respeto hacia la figura del maestro, del maestro hacia ellos y de ellos hacia sus propios compañeros, pero he intentado también, y creo honestamente que conseguido, ser muy próximo a mis alumnos e incluso implicado en sus cosillas. En definitiva, he tratado de guardar un equilibrio entre la distancia y la cercanía, y que se diferenciara tremendamente el momento sagrado dedicado al trabajo con las interrupciones medidas en clase que servían para el relajamiento y para hablar de cosas intrascendentes y el encuentro en los pasillos, en el recreo o en la calle. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa,  Así en líneas generales he funcionado y creo que no me ha ido mal, ni a mí ni a ellos, por lo que ellos me cuentan después de pasado el tiempo y ver las cosas con cierta perspectiva. En cualquier caso, de corazón, de corazón os pido que si a algunos de vosotros en alguna ocasión me comporté o hice algo que os quedó marcado en vuestro recuerdo como algo desagradable o injusto, que me perdonéis. De corazón os lo pido. Pensar siempre, y eso sí os lo aseguro, que vuestro maestro actuó creyendo que lo que hacía o decía era lo mejor para ustedes, que siempre intentó dar lo mejor de sí mismo y que siempre os aconsejó para la vida lo mismo que le aconsejaba a sus propios hijos.

Pues nada, compañeros y alumnos míos, yo guardo un gratísimo recuerdo de vosotros y espero y deseo que en la historia de vuestras vidas tengáis un renglón, al menos un renglón amable dedicado a este viejo maestro que hoy guarda definitivamente la tiza y el cuaderno de apuntes de sociales. Un abrazo para todos.

Arturo Aquino

5 Comentarios »

  • Borja Ruiz Mirabent dice:

    Tanto mi mujer como yo fuimos sus alumnos, en aquella época del Reina María Cristina. Y lo recordamos como un buen profesor. Exigente, como debe de ser y con un gran conocimiento de lo que enseñaba. Salimos de sus clases sabiendo más y sobre todo, mirando más lejos de lo que hacíamos cuando entramos. Disfrute de su merecido descanso.

  • Francis Cazorla dice:

    Estimado Don Arturo:

    Siempre serás Don, primero porque es como me enseñaron mis padres que había que llamar a un profesor y segundo porque usted se lo ganó durante los tres años que fui mi tutor.

    Quiero darle la enhorabuena por la jubilación, pues es motivo de alegría, ya que contiene la palabra jubilo; y agradecerle el porcentaje de culpa que tiene en que me haya convertido en el hombre que soy.

    Ahora a disfrutar de la vida y el nieto.

  • José Enrique Pérez Carrasco dice:

    Has sido un buen maestro, preocupado porque nosotros, tus alumnos, saliéramos de la EGB con los conocimientos necesarios y la lección “bien aprendida”, pero sobre todo has sido mejor persona, fiel amigo hasta las últimas consecuencias y enfrentándote a todo y todos.

    Gracias como eres y ahora…. ¡¡a disfrutar!! que te lo has ganado a pulso, Turi.

  • MANUEL DOMINGUEZ NIEVES dice:

    Gran profesor, honesto, honrado, serio y directo, sus “lecciones” diarias en clase junto con la de mis padres me hicieron formarme como persona. Hoy en día en el que la profesión de profesor es poco valorada por muchos padres y por alumnos que ven mas a un enemigo que a un formador y a unos padres que piensan que toda la responsabilidad debe recaer en el profesor y ellos no hacer nada, usted honra su profesión. Para mi siempre Don Arturo, un saludo y a disfrutar del merecido descanso y de la familia que ya toca.
    P.D. Por ponerle una falta, me cachis, se equivocó al elegir equipo. Jajajajaja

  • Diego Neto dice:

    Gracias amigo Arturo por ayudar y enseñar a nuestros niños y niñas a ser mejores estudiantes durante tantos años.

    Si a partir de ahora te aburres “Que no lo creo”, te invito a participar como jugador veterano en los partidillos de fútbol 7 que entre semana disfrutamos viejos conocidos tuyos de tus tiempos de futbolero. Un abrazo.

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